magdybebe

El año pasado no hice nada, más que tomarme una cerveza, en la conmemoración de mi nacimiento, hace 22 años ya, en una ciudad que había sido antes de los alemanes, y estaba entonces en manos de la Polonia comunista (producto de los acuerdos tras el fin de la Segunda Guerra Mundial).

Este año sucedió algo más original. Mi cumpleaños coincidió con la toma de posesión del nuevo presidente de Panamá, así que era día libre. Mi primera idea era quedarme sola en mi casa y desconectar el teléfono. Pero no lo hice, y en lugar de eso o de irme de fiesta, como cualquiera en su sano juicio, se me ocurrió (vaya genial idea) viajar el martes a ver a mi doctor maxilofacial para sacarme las cordales que llevaban ya buen rato fastidiándome. Pensé: bueno con el martes y el miércoles tengo para que se me pase la hinchazón y dejo atrás, de una vez por todas, el infierno de las muelas de juicio.

¿Lo que pasó? Pues la cirugía fue un paseo. Embriagada en la más dulce de las anestesias, el doctor, con su gorrito azul de carnicero (en serio se parecen a los de los carniceros), cortó mis encías a diestra y siniestra y me sacó las muelitas. Ambas de lado izquierdo, una arriba y una abajo. Cada una no tomó ni 3 minutos.

Volví a la capital confiada de que no sería gran cosa, vaya guerrera que soy, pensaba. Pero ya en el viaje, mientras iba perdiendo el efecto de la anestesia, comencé a sentir pequeños indicios de lo que me esperaba. Por extraño que parezca la hinchazón inicial bajó a medida que iba pasando el efecto de la anestesia, pero luego, a medida que aumentaba el dolor, comenzó a aumentar la hinchazón.

Tras una noche de perros, en la que quería arrancarme la cabeza, no dormí nada de nada, y ando como doble cara sólo que de un lado me parezco a Kiko, probablemente mucho más grotesco. Ando comiendo gerber y sopita licuada, no puedo caminar, no puedo hablar, nada más me queda “disfrutar” -al mejor estilo masoquista – de un horrible dolor, no puedo salir porque no tengo ganas y además parezco fenómeno de circo. Ah y los antes salvadores pain-killers no me hacen efecto alguno.

Así que si quieren pasar un maravilloso miserable cumpleaños, sáquense las cordales por esas fechas. Yo tengo quien me licue las sopas, si usted no tiene a nadie que le haga la sopita, y además se sentía miserable antes de (depresión pre-cumpleaños) no se lo recomiendo.

Sto lat!

Desde la cama observo los puntos de luz tiritando en la fibra de mis cortinas. Millones de constelaciones alumbran mi virtual ceguera. Impasibles, me dicen que afuera sigue el mundo girando como un trompo, templado, hasta casi romperse, por los juegos de los dioses. Cuan distinto se ve el mundo desde las sombras…desde el cristal empañado de mis ojos tan negros, desde las siluetas y los rostros que no son rostros sino formas que se mueven grotescamente mientras yo trato de descifrar quien, o que…

Fantasmas, flores luminosas, paredes inexistentes, los límites del mundo se van esfumando día tras día, año tras año…mi mano se alarga hacia una mesa que no está, mis dedos no alcanzan el vaso, que jugando, dio un paso más atrás…

Cierro los ojos y me entrego al mundo, todavía claro, de mis sueños…

Sigue girando la más crueles de las diosas, sigue, pero sin mí.

Busco piedras bajo las cuales esconderme. Construyo una selva de libros y papeles para sentir lo que sintió Quiroga cuando llegó a Misiones y encontró su casa. Me refugio en trivialidades para huir de un destino que me abruma, pero luego me siento culpable, y vuelvo a los antiguos vicios, a escuchar cosas por las noches, a decir, sin poder controlarlo, palabra tras palabra en el ascensor, en la escalera, en la ducha, en la acera, en la cama, en la banca, frente a la botella de cerveza. Palabra tras palabra se va descubriendo el rostro de aquello de lo que huyo.

No sé si he vuelto. Soy mala con las promesas y las certezas. Todo es un peldaño incierto, un desvío invisible, un andén levantando en el aire.

Voy a atar mis cuerdas. A ver cuanto tarda el viento en llevarme en la eterna barca del azar.

guapisimomansur

Medianoche. Voy por algo de té de limón para alivianar el ataque de los mocos y me encuentro a Al-Mansur (El victorioso), mi perro, echado como un cerdo con una mirada triste y perdida en las luces de la cocina. Le hablo y no mueve la cola. Me invade una extraña nostalgia, una suerte de solidaridad o conmiseración. Al verlo me veo a mi misma, años atrás, sufriendo por amor. Pasa, y esto lo escuché de pequeña, sentada en la carretera viendo pasar los toros halando carretas con arena de río, que los perros cuando son alejados de una perra en celo entran en un estado de depresión que les lleva incluso a privarse de comer.
Y es que yo, mala madre, me empeñé en que mi hijo perdiera la virginidad y arreglé una ardiente cita (pleno mediodía) con una desconocida. Estaba dispuesta a cualquier cosa con tal de que mi hijo disfrutara de los placeres carnales. Cuando abrimos el maletero de la camioneta él, casi con una sonrisa en el rostro, jadeaba con su lenguota azul, sin la más mínima idea de lo que le esperaba.
Yo tenía un bozal para él, pero tomé la precaución de comprar uno para mi yerna temporal. Sucede con la raza shar pei (perros tradicionalmente de pelea) que tiende a ser agresiva particularmente con otros perros, y he escuchado que el juego amoroso no se exime de esa violencia. Pues el dueño de la perra no pensaba igual, y de buenas a primeras los soltó. ¿El resultado? Mansur corriendo con frenesí hacia la grupa de la perra, un gruñido, un revolcón, raspadas, y sangre de por medio.
Al final desistimos de consumar el encuentro casual y Mansur regresó a casa, triste, solo y…virgen.
Cuántas veces no nos vamos nosotros también de bruces hacia el amor, con un devoto frenesí, con una total entrega y viene entonces el revolcón, las raspadas, y la sangre de por medio. Tras un sorbo de té pienso que la mirada triste y perdida de Mansur es el sufrimiento universal del que ama (aún en el sentido más primitivo). Y como dice la canción…”a todos no toca, alguna vez, recoger en pedazos un corazón que llora”

2009He recibo el 2009 de una manera extraña. De hecho tuve que trabajar hasta las 11:00. En la gran hora no creo haber sentido nada. Ni emoción, ni alegría. Sólo el televisor marcando las 12:00 y la gente felicitándose. Era algo surreal, ajeno.
Ahora al borde de algo que se supone es nuevo, pero sabe a lo mismo de siempre, me encuentro en un estado de incertidumbre. La vida es extraña. He visto a quienes quiero perder aquello con lo que han soñado; he visto a los buenos salir derrotados de la batalla; he visto a los justos ser perseguidos. Esa es la vida. Es por eso que, creo yo,  ser bueno tiene nada que ver con el paraíso o con recompensas terrenales o con karma. Todo gira en torno al azar. Nada tiene sentido. Lo bueno no se te devuelve. Lo malo tampoco. No hay justicia divina. Todo se parece más a esos dioses caprichosos de lo antiguos y a esas Moiras tejiendo nuestro destino.
Sí, mi voz puede sonar agria. Yo me he amargado con el tiempo. Quizá porque cuando pienso que ya conozco cuan cabrona puede ser la vida, tú das un paso más adelante. Sí, como un golpetazo en el rostro lo entiendo, la malnacida es más cabrona todavía.
Y bien, a ver que tanto más puedes pasar encima de mí y de los míos este año. Para eso nos han aventado al mundo, para eso nos mueven de un cuadrante a otro con la paciencia de un verdugo, hasta el día afortunado en que nuestra partida termine y nos devuelvan, sin infiernos ni paraísos, a la oscuridad de nuestra caja.
*Eso es una botella de ron y sí, mis uñas están pintadas de negro.

Como último desliz del 2008 voy a violar mi regla en cuanto a los videos musicales y voy a postear uno acá en la página principal. ¿Por qué? Porque me apetece. (Ojalá la vida se construyera sobre impulsos tan sencillos)

Se trata de un cover de una canción de Nine Inch Nails hecho nada más y nada menos que por Johnny Cash (1932-2003), el nombre de la canción es Hurt. A Johnny lo descubrí a fondo no hace mucho con la película Walk the line, igual como me pasó con Ray Charles. Yo había escuchado la versión de NIN hace mucho tiempo pero jamás le presté atención. No sé como no lo presté atención tomando en cuenta la fuerza de la letra, pero la interpretación sencillamente no me llegaba. A mi en lo particular me gusta mucho más la versión de Cash que la de NIN, aunque no se puede negar el mérito del compositor, que fue Reznor. La canción realmente significa mucho para mí, hay, sobre todo, una parte que dice: “I focus on the pain…the only thing thats real”, decía Khayyam que lo único que tiene el hombre seguro en la vida es el sufrimiento. Yo estoy de acuerdo.

Yo ahora voy a empinar mi trago de ron y a tararear la canción, mientras la noche lentamente cava su madriguera en mis ojos…salud…

espero la disfruten…

the old familiar sting…try to kill it all away…but i remember everything…

Estas es la letra:

I hurt myself today
To see if I still feel
I focus on the pain
The only thing that’s real
The needle tears a hold
The old familiar sting
Try to kill it all away
But I remember everything

[Chorus:]
What have I become
My sweetest friend
Everyone I know goes away
In the end
And you could have it all
My empire of dirt
I will let you down
I will make you hurt

I wear this crown of thorns
Upon my liar’s chair
Full of broken thoughts
I cannot repair
Beneath the stains of time
The feelings disappear
You are someone else
I am still right here

[Chorus:]
What have I become
My sweetest friend
Everyone I know goes away
In the end
And you could have it all
My empire of dirt
I will let you down
I will make you hurt

If I could start again
A million miles away
I would keep myself
I would find a way

(no me atrevo a traducirla, si Songo anda por ahí y me hace el favor…)

a la niña poesía…

Yo me tambaleo y el vodka tonic hormiguea en mis sentidos. Aquí me ves balbuceando tu nombre sin descanso, repitiéndolo con la devoción de un adicto, vagando hasta ti con la entrega con la que un viajero persigue la línea del horizonte. Pienso en ti como una mujer despechada piensa en el enamorado. Y así, persiguiéndote, pongo mi pie descalzo sobre un punto, como quien saltando de piedra en piedra cruza un río; recuesto mi espalda desnuda en la curva de una a como quien medita bajo la sombra de un mango a mediados de marzo. Y fumo, y dibujo hombres, flores, fieras, sueños con el humo del cigarro.

Sé que no te conozco pero tú me conoces. No dejas que te tome en mi mano pero tú juegas conmigo, despeinas mi pelo con tu brisa y me haces la desdichada presa de tus antojos. Selva en mis caderas, bosque incendiado en mi corazón, fuego y arena en la puerta de mis labios. Me tienes si te apetezco, me olvidas si te desagrado. Vienes a susurrar cosas en mi oído mientras ando, mientras duermo, mientras me embriago…pero no estás cuando te busco, pero no respondes cuando te llamo…

Caricatura m�a hecha por un artista de calle en Zakopane

Los que me conocen hace tiempo terminan acostumbrándose. Casi 15 días después de prácticamente no tocar en absoluto el computador parece (creo) que he vuelto. Para los que les gusta preguntar que hay de nuevo, pues me traigo – oficialmente- un año más encima.

Me gustaría recordar algo que escribí en el 2006 acerca de este extraño acontecimiento de cumplir años:

1987. El mundo comienza de un golpe. Es un hospital militar, un sol comunista, un país del este de Europa, una ciudad al oeste del país. Cerca hay un parque hermoso y un hombre grita: “¿recuerdas lo que paso aquella tarde del 64?” mientras se tambalea frente a las águilas de piedra. Julio arde en el hemisferio norte. Julio enciende mis ojos en el viejo continente. Julio comienza conmigo. El primer día de Julio es el primer día de mi vida.

Ahora, en este martes cualquiera con el sol de la mañana calentando la tela de las cortinas que me guardan en la cómoda oscuridad, recuerdo que hubo un tiempo – ahora lejano – en que había cuenta regresiva por motivos del bendito cumpleaños. Dulce de chocolate con arequipe en el medio. El sonido del papel de regalo rasgándose. La soda de fresa pintando la comisura de los labios de niña. Helado de grape nut con gelatina roja. Sto lat, Sto lat*, risas y aplausos.

Luego hubo un tiempo en el que se me olvidaba el cumpleaños.

Este año hubo cerveza Soberana** y brisa de mar moviéndome el pelo. Una gatita restregándose contra mis jeans. El sabor ácido del ceviche de combinación atándose en mi lengua. Un cansancio extraño, profundo. Una tarjeta de felicitaciones hecha con el más dulce amor en una servilleta. Un sueño (sopor) increible el día de mi primer paso más allá de la década de los 20. No sé que significa eso exactamente o si siquiera significa algo.

Supongo que soy, si viviese 50 años atrás, oficialmente mayor de edad. Supongo que comienza el círculo de nuevo.

Quería dar las gracias a todos los que se tomaron la molestia de enviarme, de un modo y otro, sus buenos deseos.

*Sto lat es la canción que en la tradición polaca se usa para los cumpleaños (de hecho para otras cosas también). Significa literalmente cien años.

La canción dice así:

Sto lat, sto lat,

Niech żyje, żyje nam.

Sto lat, sto lat,

Niech żyje, żyje nam,

Jeszcze raz, jeszcze raz, niech żyje, żyje nam,

Niech żyje nam!

Traducida al español (vaya atrevimiento):

Cien años, cien años

Que viva, viva con nosotros

Cien años, cien años

Que viva, viva con nostros

Otra vez, otra vez, que viva, viva con nosotros

Que viva con nosotros.

**La Soberana es una marca de cerveza en Panamá.

Para mí Jaime Sabines es un genio. Yo creo que aprendí a querer –a amar – leyendo la poesía de Jaime. Lo que me impresionó fue ese lenguaje a veces tan franco, tan cotidiano…pero a su vez tan poético (“Pensándolo bien”, “Me encanta Dios”, “El peatón”). No me tomen a mal, no es que tilde a Jaime de simple ni muchísimo menos. Hay poesía en todo lo que dice, incluso en su voz cuando lee y parece que conversa contigo. Pero esa poesía deliciosamente franca a golpe de las tres de la tarde cuando está nublado, mientras te tomas un café, no puede hacer otra cosa que ponerte una sonrisa diáfana en el rostro. Diáfana, como su poesía.

Claro que Jaime no es ningún manco, maneja metáforas y figuras exquisitamente complejas que son para quedar maravillado, con la quijada sobre el teclado del computador. No puedo resistirme a compartir con ustedes un pequeño ejemplo:

- ¿Qué es el canto de los pájaros, Adán?

- Son los pájaros mismos que se hacen aire. Cantar es derramarse a gotas en el aire, en hilos de aire, temblar.

- Entonces los pájaros están maduros y se les cae la garganta en hojas y sus hojas son suaves, penetrantes, a veces rápidas. ¿Por qué?, ¿ por qué no estoy madura yo?

- Cuando tú estés madura te vas a desprender de ti misma, y lo que seas de fruta se alegrará, y lo que seas de rama quedará temblando. Entonces lo sabrás. El sol no te ha penetrado como al día, estás amaneciendo.

- Yo quiero cantar. Tengo un aire apretado, un aire de pájaro y de mí. Voy a cantar.

- Tú estás cantando siempre sin darte cuenta. Eres igual que el agua. Tampoco las piedras se dan cuenta, y su cal silenciosa se reúne y canta silenciosamente.

Volviendo a los poemas francos, hace mucho tiempo me encontré con “El peatón” de Jaime. Ese poema fue una revelación…estuve frente al espejo a punto de pintarme una estrella con marcador indeleble y poniéndome de frente, de espaldas y de perfil buscando algún resplandor visible (bromeo). En esa época mi familia ni idea tenía de lo serio que era para mí todo este lío de escribir poesía. Así que me iba muy bien eso de “en la calle nadie y en la casa menos…”. He escuchado que a muchos nos ha pasado igual. Es que ser poeta no de plata como ser médico y de eso no se vive, dicen los padres. Además la gente casi frunce el ceño cuando dices “soy escritor”, aguantan el gesto por cortesía mientras uno emocionado les cuenta del último libro.

Supongo que al final del día somos sólo peatones, como dice Jaime. A los poetas no nos acosan como a los cantantes ni a las estrellas de cine. No paseamos por las multitudes como uno más. Si bien vivimos un poquito distinto a los mortales…nos comen los gusanos igual. ¿O no?

Sabe bien ser sólo un peatón. A mi me gusta ir al supermercado, caminar por el parque, ir al cine como cualquiera… yo también, justo ahora, mientras uso mi computador, como cualquiera, siento una alegría dulce y tranquila.

Aquí lo comparto con ustedes, de la voz del mismísimo Sabines y con un video interesante:

El año pasado Malos Hábitos concursó en el Gustavo Batista Cedeño. Había recogido los poemas que consideraba más representativos de esos primeros años (2002-2007) cuando comencé a escribir. Era la primera vez que concursaba en poesía, mi género (como siempre pensé). Perdimos. Yo me perdí un rato también, tratando de entender algunas cosas. Perder cuando uno siente que está ofrendando el corazón, un pedazo de ti mismo, es difícil.

Pero luego esa derrota me hizo ver muchas cosas. Me permitió incluso establecer una relación distinta con mi poesía. Aprendí a ser un poquito más objetiva con mi trabajo. Al final creo firmemente que en ese momento lo mejor que pudo haber pasado fue haber perdido. Me siento contenta de haber perdido, sobre todo porque tuve la oportunidad de pulir mi trabajo. Es cierto que por lo general uno no puede ver estas cosas inmediatamente, pero es importante entender que de hecho sí hay ocasiones donde es mejor perder que ganar.

Este año no estaba segura de participar hasta que me encontré a Katia Chiari, ella me animó a hacerlo y me ayudo muchísimo con sus opiniones y su experiencia. Héctor le echó un ojo al final y me dio valiosas recomendaciones. Trabajé Malos Hábitos de tal modo que se convirtió en un poemario distinto – quizás no completamente, pero distinto a fin de cuentas – al primero. Me metí tanto en él que luego de unos días ya no soportaba leerme. Cuando lo dejé en el INAC y bajaba las escaleras me quedé mirando el mar, el Puente de las Américas a lo lejos y una brisa suave me meció el vestido. Me sentí por un momento bien, pero el resto del mes fue un infierno.

Las vísperas del 30 de mayo fueron horribles, las peores. Necesitaba no pensar, desconectarme de todo. Mi mente es necia, y justo a donde le digo que no debe ir es a donde le gusta ir. Ese día estaba ya vistiéndome para ir al cine (a no pensar) cuando sonó el teléfono. Pensé primero que era una cita médica. Luego, cuando caí en cuenta de lo que pasaba, comencé a temblar. Por fin, por largo rato, no pensé en nada…sólo me sentí contenta.

A mi me gustaría decir a los chicos, a los jóvenes escritores, que intentan en los concursos, no sólo los de poesía, que cuando pierdan no se rindan, deben seguir intentando. Yo creo que los concursos son algo muy valioso; y el reconocimiento que otorgan es necesario para que un escritor se vaya abriendo paso. De otro modo, a veces, es difícil ser escuchado.

Es cierto también que los resultados de los concursos van más allá de ecuaciones complejas. Las artes no tienen respuestas lineales ni exactas como las matemáticas. Las artes navegan – en parte – sobre un mar de subjetividades. Entonces uno tiene que tomar en cuenta las percepciones, los gustos de los jurados, las obras que concursan, la alineación de las estrellas…hay muchísimos factores sobre el tablero. Claro, el trabajo tiene que tener calidad, pero cuando un trabajo no es premiado no significa – necesariamente – que sea malo, quizás sólo no es su momento, quizás valga la pena echarle un ojo nuevamente.

Y aunque suene a cliché o a frases de abuelos…uno generalmente aprende más de las derrotas que de las victorias, poner la rodilla en el suelo es necesario. Lo importante es levantarse…y seguir andando.

Palabras de Magdalena Camargo Lemieszek en la Ceremonia de Premiación

del Concurso Gustavo Batista Cedeño 2008

“Ella se desnuda en el paraíso
de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe”

Alejandra Pizarnik, Árbol de Diana.

Para mí es un honor encontrarme esta noche, aquí, con ustedes. Antes que nada deseo expresar mi agradecimiento al Instituto Nacional de Cultura, los organizadores del Concurso Gustavo Batista Cedeño, por su legítimo esfuerzo de promover a los poetas jóvenes, a los relevos de nuestras letras, a los que no han podido ser publicados, a este nuevo aliento que nos reitera que en Panamá sí hay literatura. También quisiera agradecer a los jurados del concurso: José Córdova, José Luis Rodríguez Pittí y Alex Mariscal, por ofrendar su tiempo y su experiencia y aceptar la ardua labor de calificar este año las obras participantes. Agradezco con todo mi corazón a esa persona a la que le debo estar aquí esta noche, ese alguien que creyó, antes que nadie, incluso antes que yo misma, que yo no podía hacer otra cosa con mi vida que no fuese escribir. Gracias Pacifico. También me siento profundamente agradecida con los poetas Héctor Collado y Katia Chiari, por su tiempo, por la mano que me tendieron desinteresadamente, por sus consejos y por ese empujón que me hizo participar en el concurso. Gracias a Marco Ponce por su apoyo y recomendaciones, además de las horas que me regaló. No puedo dejar pasar la oportunidad de extender mis felicitaciones al ganador de la Mención de Honor, Adalcristo Guevara, por su poemario Meditaciones desde el Vergel.

Recibir un premio de esta magnitud es, para un poeta joven, una puerta que se abre. Yo estoy frente a ustedes, sobrecogida, maravillada, delante de un telón que se corre y me muestra el escenario de la literatura panameña. Este primer paso es algo tan grande para mí, que tiemblo. Es, además de una satisfacción desbordante, una responsabilidad, al igual que lo es publicar un libro. Es también desnudarse un poco, frente a los otros, y eso obviamente da algo de miedo. Pero he creído siempre que una de las maravillas de la poesía es justo ese momento preciso donde deja de ser mi poesía y se vuelve de otros.

Quisiera esta noche permitirme la insolencia de hablarles, con la edad que tengo, de la poesía y del ejercicio de escribir. Considero que, al contrario de lo que mucha gente cree, la poesía y la literatura no se limitan únicamente a la inspiración. Esa inspiración que es generalmente descrita como algo místico, divino, ajeno, de algún modo, al hombre, al poeta. En Ion, Platón nos habla de que son las voces de los dioses las que dictan poesía, por medio de las musas, a los poetas. Los surrealistas hablan de una suerte de escritura automática, proveniente desde el subconciente y que se lleva a cabo, en ocasiones, en un estado de trance. Para tomar un ejemplo de nuestro patio me gustaría citar al escritor panameño Carlos Oriel Wynter Melo:

“…Escribir es, antes que nada, atrapar anguilas o peces dorados en las profundidades de la memoria, en la corriente del sueño…Lo que trato de decir es que la literatura no es su forma y que lo que me hace escritor no son mis garabatos en un papel. Esas son las manifestaciones inevitables de sueños premonitorios y esos sueños premonitorios son la literatura.”

Así nos encontramos con impulsos, musas, dictámenes divinos, sueños premonitorios, inconciencia, estados de trance…o voces. Estas son partes del misterio, casi religioso, de la poesía. Es la parte primitiva, medular, el plano esencial de escribir. Quién no ha sentido, así de pronto, una violenta marejada de palabras inundándolo todo. No queda más que escribir entonces, o escribir o ahogarse. Pero escribir, no sólo poesía, es un oficio arduo que se extiende más allá de esos signos que nos inundan y no nos sueltan hasta que no nos vaciemos de ellos, ya sea en un papel, en una servilleta, en un computador, en lo que podamos. Está también el rostro indispensable de la escritura como disciplina: la revisión, la depuración, el compartir con otros, el tallerear, como coloquialmente decimos.

A mi parecer, no puede faltar el ejercicio constante con el lenguaje. Así como el deportista entrena el cuerpo, calienta los músculos, se mantiene en forma; el escritor explora sus habilidades, juega con las palabras, construye figuras, amplía los límites de los significados. Hay que lanzarse, más allá del cansancio, a develar los territorios infinitos de la palabra.

La palabra es, para mí, una montaña alta, alta…tan alta que no alcanzamos a ver su cima. Es un mar tan hondo, tan grande, que no puedo imaginar donde acaba. Es una quimera que tantos escritores han intentado domar tratando de alcanzar la perfección. Sus posibilidades son infinitas, con su curiosa arbitrariedad, se arropa de percepciones que le otorgan distintos significados. Salta de una boca a otra según las connotaciones, las circunstancias…o la poesía.

Así, me atrevo a afirmar que escribir está lejos de limitarse a la inspiración, es muchísimas cosas más. Eso es lo que yo creo, por lo menos. Aunque por supuesto, además de construirse sobre el pilar del oficio, es un compromiso que asumimos con eso que para algunos es una vocación, un sueño, un destino, una pasión, una ventana, un paraíso…y no puedo evitar pensar en Gustavo Batista Cedeño…esto para algunos es, quizás, un áncora.

En cuanto al culpable que nos tiene reunidos esta noche, producto también del inspirarse y del oficio, y cuyo nombre es Malos Hábitos… ¿Quién no tiene malos hábitos? Algunos se morderán las uñas, dejarán la ropa tirada, saldrán de la regadera con los pies mojados… o bien han de enamorarse fácil y profundamente, o les gustará hilvanar la telaraña de la conciencia hasta perderse, o aventarse a la soledad y a la melancolía como quien se avienta al frío.

Me han preguntado varias personas cual es el tema de Malos Hábitos. Me gustaría ser cuidadosa a la hora de responder esa pregunta. A veces explicar demasiado estas cosas puede ser incluso peor que explicar un chiste. Es, de algún modo, privar al lector de la oportunidad de asumir el poemario como suyo. Hay muchas cosas encriptadas en el lenguaje de Malos Hábitos, incluso en su nombre. Pero esos son los maravillosos cofres de las figuras literarias y la semántica, guardamos ahí mensajes, secretos y recuerdos. Claro, con gusto podría hablarles técnicamente como está construido Malos Hábitos. Como poemario se funden en él tres hábitos primordiales. El hábito del amor, que es entregarse sin reserva alguna. El hábito del espejo, que es enfrentarse al proceso creativo y hundirse en un viaje de auto descubrimiento. Y por último el hábito oscuro, que envuelve la melancolía, la soledad y una especie de tambalearse al borde de un abismo mientras uno está roto.

Me preguntaron también cuánto tiempo tomó escribirlo. Los Malos Hábitos abarcan un periodo de alrededor de 5 años, hay poemas que fueron escritos realmente hace mucho. Además yo no me había atrevido a construir un poemario hasta hace dos años, porque para construir un poemario es necesario armar un conjunto coherente, constante y con cuerpo. Hubo que dejarlo reposar, darle vuelta varias veces, escuchar la opinión de gente con mucha más experiencia. Creo que es importantísimo no dejar de aprender nunca, hay que escuchar siempre con atención crítica la opinión del que sabe más, uno nunca puede dejar de ser buen alumno. Uno necesita la mirada objetiva del otro, después de todo ¿Qué padre es capaz de ver los defectos de sus hijos?

Me he encontrado también con gente que me pregunta ¿Qué significa este poema? Como dije antes, busco que la gente pueda encontrar algo de ellos mismos en mis versos. Busco que mi poesía deje de pertenecerme cuando la lee otro. Busco que el lector la asuma como suya. No se trata de descifrar en qué pensaba el autor cuando escribía un poema. Para mí un poema puede no significar nada para quien lo lee, y está bien. Para otro puede significar un recuerdo, un momento, una sensación, que a su vez pueden ser distintos a los míos cuando escribí el poema. Y lo mágico de la poesía es que asume tantos rostros según quien la lee, tantos significados distintos amoldados a experiencias vitales diferentes. La poesía es un ser vivo al que le gusta transformarse, hacerse la difícil como una mujer quisquillosa, o desvestirse entera ante un guiño de ojos.

La poesía es muchas cosas. Es un destino como decían los surrealistas. Es quizás también un retrato. Pero creo que también es un espejo que espera reflejar a quien se mira en él. Creo que el clímax vital – y la diminuta muerte – de la poesía se cumple cuando el lector puede identificarse en ella.

Para mí este poemario es como un pájaro nacido en mi pecho y que he arrojado al viento. No sé a que ventanales irá a parar, o en quienes construirá su nido. Pero les invito, humildemente, a contagiarse de estos Malos Hábitos y a cruzar el umbral de sus palabras para que se convierta en la cuerda que les ate a la vida, la raíz del amor encarnada en el pecho, o bien la puerta de los que escogieron ser libres.

Anoche, luego de la ceremonia de premiación del Gustavo Batista Cedeño, conversaba con algunos de los globis (diminutivo de los globalizados, el nombre que los egresados del 07 del DDCL dieron – medio en broma y medio en serio – a su generación) sobre lo que sentía en ese momento. Les contaba que además de las canillas temblorosas, la voz que no salía en el discurso (grrr…), el corazón saliéndose del pecho, la visión borrosa, la felicidad desbordante, sentía que estaba viviendo un sueño, o como esas noches locas donde al día siguiente no recuerdas muy bien lo que pasó, sólo sabes que te lo pasaste genial. Giselle entonces hizo una sugerencia que me pareció más que acertada: “mañana vas a tener una goma* de felicidad”, dijo.

Y es cierto, hoy estoy gozando mi goma de felicidad. Lo de anoche parece un sueño, de esos de los buenos, cuando te aferras al calorcito debajo de las sábanas para no salir de ellos. Estoy muy agradecida con la gente que hizo el esfuerzo de acompañarme en un momento tan importante para mí y con esos que no pudieron estar físicamente pero que estuvieron conmigo a su modo.

Mil gracias…

*Resaca.