Prescripciones

He descubierto esta tarde que estoy enferma.

He visto un hombre a los ojos y me han resultado tan puros, tan limpios, que me ha parecido ver tras el iris, con abrumadora claridad, las venas, los filamentos, las glándulas, y un poco más al fondo, un pez sonriendo. He visto también a una mujer gorda, muy gorda, sentada en el parque dando de comer a las palomas. Ellas se acercaban a sus manos, pero en lugar de tomar los gajos de pan, de un picotazo se llevaban sus dedos, luego, en medio del zurear de las aves, del pan que le quedaba en la mano volvían a nacerle nuevos dedos.  Vi además un gato tomando el sol en la terraza de un café, al recostarse sobre su lomo  para aprovechar mejor la suave calidez de la tarde, de una suerte de ombligo que tenía en el vientre surgieron tres pequeños ratoncitos blancos que dieron una vuelta a su alrededor y volvieron a entrar en su guarida, el gato se lamió una pata y maulló.

El médico me ha prescrito unas gotas y dos tipos distintos de píldoras.

Ahora no sé si podré tomarlas. Del vaso de agua que me serví comenzó a manar más agua; y veo mi casa inundarse sentada sobre la mesa del comedor. No sé nadar.

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